Y SI ME CORTAS LAS ALAS… ¿COMO VUELVO A VOLAR?

¿UNA GRAN HISTORIA?

CAPITULO I

Si me dieran una hora de amor, si me la dieran te la daría a ti, sin importar las barreras que tuviera que derribar en segundos para poder verte, y que lo último que pudiera hacer fuera tocarte por primera vez, tocar esos labios que por alguna razón pensaba que estuvieron ahí… esperándome. Pero como siempre sé que los sueños, sueños son y aunque me duela aceptarlo ambos vivíamos en un mundo en el que todo nos separaba, en el que no todos los sueños se cumplen y en el cual a mí me toque sufrir como nunca lo había hecho.

Era el primer día de clases cundo llegue a la escuela, un nuevo y emocionante curso que comenzaba y el cual tenía ilusionado a muchos y debo de aceptar que para mí también lo era,  pero… ¿Cómo iba yo a saber que ahí me encontraría contigo? me sentía sola, aislada porque no sabía qué camino tomar, y era algo confuso porque yo estaba segura de lo que quería antes de entrar y pisar aquella escuela; después de la bienvenida mis ojos vieron algo, algo no común para una persona que pensaba que la vida y el mundo entero giraban alrededor de números y teorías, no podía aceptar lo que sabía que pasaba en ese momento.


Solo tenía 15 años cuando mis ojos te vieron, cuando mis ojos te vieron caminar por aquel pasillo principal de la prepa en la que estábamos inscritos, eras dos años más grande que yo, pero eso no me importo porque desde entonces no dejaba de pensar en ti, en el misterioso  chico del pasillo que había causado en mi una extraña sensación a la cual la gente  llamaba «mariposas en el estómago«, me desesperaba no poder comprender lo que comenzaba a sentir, no podía dejar de pensar en aquel joven apuesto, alto, de tez blanco y un poco greñudo si ni siquiera lo conocía, ahora creo que era porque  posiblemente en el fondo mi alma sabía que lo volvería a ver y… ¿Cómo no pensarlo?               si estaba en su escuela.

  CAPITULO II

Supongo que mi problema era mi anti-socialismo lo que no me dejaba salir de mi zona de confort, creía que« nadie podía comprender mejor a una persona que si mismo« y posiblemente era cierto, pero no me detenía a pensar que hasta las rocas tenían compañía, aun si dar ni recibir.

Ya había pasado un mes desde aquello y ya comenzaba a olvidarte, a olvidar lo que en segundos me hiciste sentir con solo verte, algo absurdo quizá, porque no me atreví siquiera a buscar la forma de volverte a ver… me parecía imposible encontrar a una sola persona en medio de una multitud de gente… y ¿Cómo busco al chavo que robaba mis sueños en las madrugadas, y el me desconcentraba en clases, si no sabía nada de aquel ?

No sabía cómo se llamaba, ni mucho menos de qué grupo era, no sabía nada, ni como era su voz, pero de lo que si podía presumir era de como iluminaba el día con su rostro.

Al cabo de unos días a la escuela llegaron unos tipos a compartir su experiencia en la vida, en las distintas situaciones que se nos presenta a todos, a « jóvenes que andan buscando su propio rumbo «según, ese tipo de conferencias me traían harta, estaba ya harta de escuchar los mismos discursos en cada sesión; para algunos era presentarse y evitar que les bajen puntos o para distraerse, prestar atención a un par de señores y escuchar lo que ellos creen que necesitas, cuando no tienen ni idea de lo que uno quiere y necesita, llorar para aparentar sentir el peso que tenía cada palabra y que les recordaba a algo que les decían o hacían y después salir disimuladamente convertido en una persona nueva, libre de rencores y llenos de amor; y… ¿Todo para qué? Para que a los cinco minutos vuelva a ver como mis compañeros vuelven a hacer lo que ya saben hacer… era algo absurdo y tonto, pero tenía que respetar eso, eso que los demás tomaban como superación personal o algo así . Eso era lo que me tenía harta, el tener que me morderme la lengua para evitar gritar diciendo ¿Dónde estás…? en mi mente una y otra vez, porque lo que yo necesitaba era eso, y solo ahí porque era de donde no te podía sacar, irónicamente en esa conferencia te había vuelto a ver y no pude hacer nada porque quedé inmovilizada, la verdad no sabía si acercarme, ni como hacerte la plática y olvidar a todo el mundo, y quedarme observándote mientras contara cada una de tus pestañas, aunque para cuando tome una decisión ya las había terminado de contar… no tuve la fuerza para acercarme  pero si pude escuchar cómo te decían en tus amigos  -Eduardo, quede tan sorprendida y no podía dejar de pensar en ese nombre tan bonito y en el que solo yo podía saber el significado tan grande que tenía para mí, ahora el problema fue que tenía el nombre pero… ¿ Eduardo qué?…no sabía cómo eran tus apellidos para buscarte, pero como era previsto ante mi cobardía tuve que conformarme con eso para no olvidarte.

CAPITULO III

Me había hecho muchas ideas de cómo sería el día en el que te conociera y pudiera escuchar tu voz ,en el que  me contaras tus gustos, tus triunfos y derrotas, escucharte las veinticuatro horas si fuera necesario, abrazarte cuando te lastiman y te sientas solo; te había visualizado como un niño muy tierno en el que un día le diría: -te quiero mucho y quiero que sepas que cuentas conmigo para lo que quieras; lamentablemente ese día nunca llegaría porque no sabía nada de ti más que tu hermoso nombre.

Como todos los mañanas estaba en clases, esas que hacían que me olvidara de ti en un par de horas, para aprender la realidad en uno de los mundos en el que vivía, porque en mi otro mundo solo podía imaginar cómo sería la primera que te encontrara y pudiera hablarte. Me sentaba en frente del pizarrón, delante de todos mis compañeros y el cual contaba con una gran vista hacia el exterior del salón y el cual podía verse el portón de la escuela, aquel que deseaba cruzar todos los días para escapar de mis pensamientos y de mis ganas de encontrarte con gran desesperación, aquel típico lugar que nadie quiere y yo ocupaba, ahí estaba yo, sentada esperando las siguientes clases en una butaca un tanto grande y vieja que hacía que mi mochila cayera constantemente al suelo y el cual tenía que pararme a recogerla; eran como 7:48am cuando cayó mi mochila por tercera vez y en el que me tuve que levantar para recogerla, cuando me agache, tome la mochila y mire hacia el portón… oh Dios mío no podía creer lo que mis ojos veían, eras tú…no supe que hacer y salí del salón con cualquier pretexto dejando todo tirado, no comprendía porque mis pies me llevaban al baño y mi corazón a ti, ya ahí me  quede en una esquina para contemplarte sin que te dieras cuenta, aunque yo sabía muy bien que para ti yo no existía. Estaba tan concentrada viéndote que no me di cuenta cuando Matilde mi compañera me descubrió viéndote con mucha atención, no quería que nadie supiera nada de lo que había comenzado a sentir por ti a lo que decidí no decir nada, me cuestiono tanto del por qué estaba yo ahí a lo que estuve a punto de decirle todo pero calle y ante mi silencio, ella lo miro por unos momentos y  me dijo que lo conocía y que de hecho era amigo de su novio, me emocione tanto ante esa noticia que no sabía ni en donde dejar tanta alegría; me dijo que se llamaba Eduardo López, que era de quinto semestre, era del «B« y que estaba afuera por haber llegado tarde. Ahora no entiendo por qué no l/e pude preguntar más de ti, pero me satisfacía el saber un poco más de ti y el que tenía la información suficiente por lo menos para buscarte en Facebook y poder hablar contigo sin temor y conocerte.

Me alegraba muchísimo pensar que posiblemente lo que soñaba se pudiera volver realidad, pero lo que nunca imagine era la tempestad que estaba por llegar.

Todos los días trataba de buscarte y verte de lejos, había veces que rosábamos y que podía contemplarte sin que te dieras cuenta, eso era increíble y sentía muchas cosas mientras que tú te seguías de largo sin voltear y sin darte cuenta que yo estaba hay viéndote, aprovechaba cualquier cosa para salir de mi salón e ir a la tuya y poder verte en horario de clases sin que nadie lo pudiera evitar, aunque sin razón alguna me ponía súper nerviosa al hacerlo, creo que era porque sabía lo que el mundo no sabía y quería que lo hiciera; lo que traía mi alma en un hilo era poder escuchar tu voz, había intentado buscarte en redes sociales pero no podía localizarte ya que me faltaba uno de tus apellidos, me emocionaba al visualizarte, pensar que eras un chico centrado, que se frustraba por llegar tarde y que su única prioridad era sacar buenas notas, y con el que encajaría perfectamente; era para mi casi imposible poder hablar contigo y seguir imaginándome un mundo que nunca existiría, ya que como todos contabas con esa típica bola de amigos, que supuestamente estaban para apoyar; no sabía porque siempre me imaginaba eso, a lo mejor porque era lo que proyectabas o lo que de alguna u otra manera me hubiera que gustado que fueras.

En tan poco tiempo conocía más de ti, más de lo que yo me hubiera imaginado y con eso se me metió a la cabeza escribirte una carta, esas que los chavos de hoy ya no hacemos, te escribí una y otra carta de las cuales nunca pensé entregarte, ahora pienso que probablemente no te las di por miedo a tu reacción, a que me juzgaras por mi apariencia o de mi origen, así que decidí guardarlas.

2 comentarios sobre “Y SI ME CORTAS LAS ALAS… ¿COMO VUELVO A VOLAR?

Replica a gafaanabel Cancelar la respuesta